miércoles, 17 de noviembre de 2010

¿Son los extraterrestres invisibles para nosotros?




Tranquilos, esto no es el anuncio de una invasión extraterrestre en curso. Sino el relato de la intrigante posibilidad (apuntada por Martin Rees, uno de los mejores cosmólogos del mundo, Astrónomo de la Reina de Inglaterra y presidente de la prestigiosa Royal Society británica), de que la vida alienígena estuviera ya presente entre nosotros, pero que seamos incapaces de detectarla.
«Podríamos tenerlos ante nuestras propias narices y no reconocerlos -dijo Rees durante una conferencia en la Academia Nacional de Ciencias (NAS) norteamericana-. El problema es que nosotros buscamos algo que se nos parezca mucho, y asuminos que por lo menos manejarán unas matemáticas y una tecnología similares a las nuestras».
Sin embargo, las cosas podrían no ser así en absoluto. Rees, que cree firmemente en la posibilidad de que haya vida fuera de la Tierra, dijo que «sospecho que podría existir vida e inteligencia ahí fuera bajo formas que nosotros no podemos concebir. Del mismo modo en que los chimpancés no pueden entender la Física Cuántica, ellos podrían tener y manejar aspectos de la realidad que estén más allá de la capacidad de nuestros cerebros».
Ahí queda eso. Para el eminente científico británico, tampoco queda nada claro si el eventual descubrimiento de seres extraterrestres deambulando a sus anchas por la nuestro planeta causaría una oleada general de pánico o si, por el contrario, sería un motivo de alegría para los terrícolas.
Un escudo de radiaciones Recordemos que, en una reciente conferencia, Frank Drake, otro de los nombres más conocidos de la astronomía y fundador del programa SETI para la búsqueda de inteligencia extraterrestre, lanzó la idea de que la «revolución digital» en que vive la Humanidad nos habría vuelto prácticamente indetectables para hipotéticas inteligencias alienígenas que estuvieran escrutando nuestro Sistema Solar. ¿El motivo? Llevamos más de medio siglo lanzando ondas de TV y de radio al espacio y la Tierra, hoy, está rodeada por completo de un «escudo» de 50 años luz de diámetro, hecho de radiaciones procedentes de la TV analógica, la radio y los radares.
Pero la tecnología digital es harina de otro costal y sus emisiones, mucho más débiles, no son capaces de transmitirse a esas distancias. Motivo por el cual, ante los ojos de un observador externo que buscara señales de radio, seríamos prácticamente invisibles. Nuestra presencia sería indetectable para cualquier inteligencia que se parara a estudiar nuestro mundo.
Así, pues, están las cosas con respecto a los extraterrestres. O bien somos invisibles para ellos y sus sofisticados instrumentos (como sostiene Drake), o bien (como sospecha Rees), los tenemos ya paseándose entre nosotros bajo formas que ni siquiera somos capaces de imaginar...
Elija, pues, su propia opción, y empiece a fijarse mejor en todo cuanto le rodea. Quizá, sólo quizá, cualquier día se lleve una buena sorpresa.

SETI es el acrónimo del inglés Search for ExtraTerrestrial Intelligence, o Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre. Existen numerosos proyectos SETI, que tratan de encontrar vida extraterrestre inteligente, ya sea por medio del análisis de señales electromagnéticas capturadas en distintos radiotelescopios, o bien enviando mensajes de distintas naturalezas al espacio con la esperanza de que alguno de ellos sea contestado. Hasta la fecha (2010) no se ha detectado ninguna señal de claro origen extraterrestre, sin incluir la todavía sin definir Señal WOW!

Los primeros proyectos SETI surgieron bajo el patrocinio de la NASA durante los años 1970. Uno de los proyectos más famosos, SETI@Home, está siendo apoyado por millones de personas de todo el mundo mediante el uso de sus computadoras personales, que procesan la información capturada por el radiotelescopio de Arecibo, emplazado en Puerto Rico.

Los extraterrestres no pueden oírnos

El prestigioso científico Frank Drake, que comenzó la búsqueda de vida inteligente en otros planetas, advierte de que las señales de radio y televisión digitales «nos hacen invisibles» en el universo.

Hacemos demasiado ruido para que alguien nos escuche desde otro planeta. Según Frank Drake, el mítico científico fundador del proyecto de Búsqueda de Inteligencia Extraterrestre (SETI, por sus siglas en inglés) en la década de 1950 y creador de la «Fórmula de Drake» (que intenta determinar el número de civilizaciones extraterrestres en condiciones de emitir señales), la digitalización de las señales de radio y televisión nos están haciendo prácticamente invisibles para una posible civilización extraterrestre que esté esperando un «hola».
La televisión analógica, las transmisiones de radio y de radar, entre otras, son detectables desde varios sistemas estelares vecinos. Si alguna civilización extraterrestre observase estas emisiones, se daría cuenta que en este lugar del Sistema Solar está ocurriendo algo muy poco común. Los programas de radio y TV delatarían nuestra existencia. Sin embargo, en el mundo de hoy estas señales delatoras están desapareciendo. Los recientes «apagones analógicos» y la proliferación de los contenidos de pago -que generalmente se transmiten codificados- convierten nuestras emisiones en algo mucho más parecido al ruido. Si un extraterrestres sintoniza sus equipos espías en las frecuencias que utilizamos actualmente, es muy posible que no pueda obtener nada en claro, según explican en el canal de ciencia y tecnología NeoTeo.
Menos potenciaFrank Drake está convencido de que si existen seres extraterrestres lo bastante evolucionados deben de estar buscando vida en otros planetas, al igual que nosotros. El científico, que actualmente se dedica a la búsqueda de señales ópticas de origen extraterrestre y colabora en el diseño de telescopios como el Allen Telescope Array (ATA, o Matriz de Telescopios Allen) de California, también hace notar que la digitalización de los contenidos ha servido para disminuir en forma notable la potencia de nuestras emisiones.
Antes, dice Drake, antes, si queríamos que los televidentes consiguiesen una imagen clara en sus receptores, necesitábamos estaciones capaces de emitir señales analógicas con una potencia de casi un millón de vatios. Los protocolos de corrección de errores y la naturaleza de los sistemas digitales hacen que puedan recrearse imágenes de mucha calidad con una potencia cientos de veces menor. Justamente, la reducción de costos y el aumento de la calidad de las transmisiones son dos de los factores más importantes que impulsan la conversión de todas nuestras señales al formato digital. Además, los satélites actuales apuntan la mayoría de sus emisiones a la Tierra sin que escape casi nada al espacio sideral.
ET ya debe de estar teniendo problemas para detectar las débiles señales digitales que generan la televisión, la radio y los radares actuales. «Si eso continúa, nuestro mundo será imposible de detectar», ha dicho Drake en una conferencia de la Royal Society para el Avance de la Ciencia Natural que se inauguró el lunes pasado.

La conocida ecuación matemática que desarrolló en 1960 el astrónomo estadounidense Frank Drake, con el propósito de estimar la cantidad de civilizaciones en nuestra galaxia susceptibles de poseer emisiones de radio detectables, ha recibido una vuelta de tuerca. La nueva ecuación, puesta a punto por los científicos planetarios de la Universidad Abierta Milton Keynes (Inglaterra), tiene en cuenta factores como la presencia de energía, disolventes como el agua, materia prima como el carbono y si hay o no condiciones ambientales benignas para determinar si pueden albergar vida.

La ecuación original de Frank Drake, publicada hace más de 40 años, no tenía en cuenta muchos de los factores que hoy sabemos son absolutamente indispensables para el desarrollo del tipo de vida que conocemos en la Tierra. Como ocurre a menudo, los avances de la ciencia hacen que las teorías deban ser actualizadas, y eso es justamente lo que acaban de hacer los científicos planetarios de la Universidad Abierta Milton Keynes (Inglaterra) con la “vieja” ecuación de Drake.

La nueva ecuación tiene como objetivo desarrollar un único índice para determinar la habitabilidad de un planeta extrasolar, y se basa en la disponibilidad de energía (proveniente de su estrella, por ejemplo), de la presencia de disolventes como el agua, la abundancia o no de materia prima como el carbono y si existen o no condiciones ambientales “benignas”. El exoplaneta “parecido a la Tierra” que se anunció recientemente, por ejemplo, es un mal candidato porque las condiciones ambientales reinantes -temperaturas que varían entre -200ºC y más de 1500ºC- son absolutamente inadecuadas para la vida basada en el carbono.

El borrador preliminar de la nueva ecuación se presentó ayer en el Congreso Europeo de Ciencias Planetarias de Potsdam (Alemania) para ser analizado y eventualmente corregido. “En la actualidad no disponemos de una forma simple de determinar si un entorno es o no apto para la vida”, dice el científico planetario Alex Hagermann, quien lideró la investigación. Mucho tiempo ha pasado desde que Drake se quemó las pestañas poniendo a punto su ecuación. Ahora los expertos saben que no pueden dejar de lado cuestiones como la energía, que en forma de luz visible e infrarroja es importante para la fotosíntesis, pero que en ocasiones -como la luz UV y los rayos X- puede ser dañina para la vida.



“Buscamos la manera de definir condiciones óptimas de habitabilidad, para poder determinar si un planeta determinado es mas o menos habitable que -por ejemplo- un desierto de Marruecos”, agrega Hagermann. Sin embargo, no toda la comunidad científica respalda la nueva fórmula. Algunos especialistas veteranos, como el físico y astrobiólogo Paul Davies, de la Universidad de Arizona (Tuscon), sostiene que se trata de un “ejercicio sin sentido”, dado que la ecuación se refiere sólo a la vida tal y como la conocemos. Por su parte, Hagermann defiende la importancia de analizar la búsqueda de vida alienígena desde un punto de vista teórico además de experimental, y que a pesar de las incertidumbres sobre qué tipo de ambientes alienígenas encontremos, hay algunos aspectos -tales como la energía- que son cruciales para la vida.

Seguramente pasará algún tiempo antes de que la comunidad se ponga de acuerdo en qué factores deben tenerse en cuenta y cuáles no, pero lo seguro es que tarde o temprano tendremos una nueva ecuación que nos ayude a determinar las probabilidades de encontrar vida en otros sistemas planetarios.

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